lunes, 30 de enero de 2017

7.2. La oposición al sistema

7.2. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA: EL MOVIMIENTO REPUBLICANO. CATALANISMO, NACIONALISMO VASCO Y REGIONALISMO GALLEGO. EL MOVIMIENTO OBRERO.

7.2.1. EL MOVIMIENTO REPUBLICANO.

Los partidos republicanos quedaron excluidos del sistema político de la Restauración. Dentro del partido republicano había profundas diferencias entre los federalistas (Pi Y Margall), los unitarios (Salmerón). Los primeros recibieron más apoyo de las clases populares. Todos obtuvieron en las elecciones representación parlamentaria, aunque siempre escasa y en su mayoría en las ciudades, donde el caciquismo era más limitado al igual que el fraude electoral.

7.2.2. CATALANISMO.

En el contexto del Romanticismo de los años treinta, ya había empezado en Cataluña un movimiento literario y cultural, conocido como Renaixença, y que pretendía recuperar la lengua y la cultura catalana.
El catalanismo surge en el contexto de la Restauración, como una reacción frente al carácter centralista del sistema político, poco sensible a las peculiaridades de los distintos territorios en España. Su principal representante fue Valentí Almirall, autor de la obra Lo Catalanisme (1886), en el que defendía la lucha por la autonomía política en Cataluña y la defensa a ultranza de las señas de identidad catalanas. En 1891, varias asociaciones se une para crear la Unió Catalanista en Manresa y allí se aprueban las bases para la Constitución Regional Catalana, más conocida como Bases de Manresa, es decir, el acta de nacimiento del nacionalismo catalán.
El secretario de esas bases, Prat de la Riba, partidario de participar en el sistema político de la Restauración, impulsó en 1901 la creación de la Lliga Regionalista Catalana, un partido conservador que aspiraba a la autonomía de Cataluña y que contaba en sus bases con amplios sectores de las clases media y alta catalana.

7.2.3. NACIONALISMO VASCO.

A diferencia de Cataluña o Galicia, el nacionalismo vasco no podía basarse en recuperar una lengua o cultura pues el euskera no tenía tradición literaria y sólo se hablaba en el campo. Su origen estaría en la rápida industrialización de Vizcaya, especialmente en la siderurgia y en la llegada masiva de inmigrantes de todas partes de la Península a trabajar en ella. También en la abolición de los fueros tras la guerra carlista.
El nacionalismo vasco comienza a rechazar a los maketos, o españoles no vascos que acudían a trabajar a la industria y empieza a idealizar el pasado vasco y su sociedad tradicional católica y rural. En 1894, Sabino Arana funda el Partido Nacionalista Vasco, PNV, de raíces carlistas y claramente conservador, cuyo lema era “Dios y ley vieja”. No va a recibir, al principio, el apoyo de la burguesía industrial.

7.2.4. REGIONALISMO GALLEGO.

Igual que en Cataluña, el regionalismo gallego surgió en el contexto del Romanticismo y se llamó O Rexurdimento. También inició su andadura durante la Restauración y, en 1889, Murguía (esposo de Rosalía de Castro) funda la Asociación Regionalista Galega aunque con un desarrollo mucho más lento y menos arraigo social que en Cataluña o el País Vasco, debido en gran parte al atraso económico de esta región.

7.2.5. EL MOVIMIENTO OBRERO.

Muchas asociaciones obreras, cada vez más numerosas gracias a la industrialización, se reunían en la clandestinidad hasta el gobierno liberal de Sagasta en el que poco a poco fueron saliendo a la luz hasta ser definitivamente legalizadas en 1887. Los movimientos socialista y anarquista se fueron configurando por separado:
-       En 1879 el tipógrafo Pablo Iglesias funda en la clandestinidad el Partido Socialista Obrero Español, PSOE, y en 1888 la Unión General de Trabajadores, UGT. Ambos fueron menos numerosos que los grupos anarquistas. El programa político era: 
o   La abolición de clases.
o   La transformación de la propiedad individual en propiedad social.
o   La posesión del poder político por la clase trabajadora.
El PSOE asistió a todos los congresos de la Segunda Internacional que establecería el 1 de mayo como día del obrero y cuya principal reivindicación era la jornada de ocho horas.

En 1864, un jesuita llamado Antonio Vicent fundó el primer Círculo Católico de Obreros en Manresa, fue un precedente de los sindicatos católicos. En 1891, el Papa León XIII publica una enciclica, Rerum novarum, en el que se expresaban los derechos sociales y la posición de la Iglesia ante la realidad de los obreros tras la revolución industrial. Los sindicatos católicos fueron menos numerosos que los marxistas o anarquistas.

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